Avilés,
la ciudad
blanca.
Una villa medieval acariciada por una ría, coronada por la única obra de Oscar Niemeyer en España. Guía íntima para descubrir la joya oculta del Cantábrico.
Donde la piedra medieval conversa con la vanguardia.
Avilés es una rareza en el norte de España: la única ciudad asturiana atravesada por una ría que penetra hasta el mismo corazón de su casco histórico. Fue tierra de descubridores —Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín de la Florida en 1565— y tierra de industria, con un pasado siderúrgico que aún dibuja el paisaje.
Hoy, sin embargo, lo que define a la villa es su inesperada vocación artística. Las curvas blancas del Centro Niemeyer —única obra del arquitecto brasileño en España— dialogan con los soportales medievales de la calle Galiana, los palacios blasonados de la Plaza de España y la luz plateada de la ría. Avilés no se visita: se habita despacio.
Quiero que sea una gran plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, un gran escenario de teatro sobre la ría y la ciudad antigua. Un lugar para la educación, la cultura y la paz.Óscar Niemeyer · 1989
Seis rincones que definen la ciudad.
Una selección personal, para pasear sin prisa, mirando hacia arriba.
Centro Niemeyer
Auditorio, cúpula, torre mirador y plaza. La única obra de Niemeyer en España, donación tras el concesión del Premio Príncipe de Asturias.
Plaza de España
El corazón del casco histórico. Blasonada, porticada, custodiada por el Ayuntamiento y el monumento a Pedro Menéndez.
Calles Galiana y Rivero
Soportales del siglo XIV, palacios y casas blasonadas.
Parque de Ferrera
Jardín romántico de inspiración británica. Antigua cacería del Palacio de Ferrera, hoy el pulmón verde de la ciudad.
Sabugo
El antiguo barrio de pescadores, junto a la ría.
La Ría
La única ría navegable de Asturias, espejo de atardeceres.
Pasear sin destino, cenar con memoria.
Avilés no se mide en kilómetros. Se mide en miradas hacia arriba, en sidra escanciada, en conversaciones largas bajo los soportales.
Deja el móvil en el bolsillo. Cruza el puente colorista que lleva al Niemeyer, piérdete por el casco antiguo, vuelve a la ría cuando el sol baja. Avilés se disfruta así, despacio, como un libro que no quieres terminar.
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i.
Amanece en el NiemeyerAntes de que lleguen los primeros visitantes, las formas blancas sobre la ría son solo tuyas.
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ii.
Tapeo por el casco antiguoPinchos de pixín, zorza, tortos con picadillo. Las barras de los bares son el mejor museo antropológico.
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iii.
Sube a la Torre MiradorTrece metros de altura. La mejor panorámica de la ría, la ciudad y los montes del fondo.
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iv.
Sidra en el Mercado de AbastosLos viernes, los puestos se animan. Un culín escanciado, un pincho de marisco. Ritual.
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v.
Atardecer en el Parque del MuelleEl viejo espacio industrial reconvertido en parque. La ría en llamas al fondo.
Sabores que no se olvidan.
La cocina asturiana es cocina de memoria. Producto, tiempo y fuego. Seis platos que deberías probar, al menos, una vez en la vida.

Fabada asturiana
Fabes de la granja con compango (chorizo, morcilla, lacón, tocino). El plato sagrado.

Cachopo
Dos finos filetes de ternera rellenos de jamón y queso, empanados y fritos. Monumental.

Sidra natural
Escanciada desde lo alto para que "espalme". Ritual, ritual, ritual. Y después, un culín.

Marisco del Cantábrico
Percebes, centollos, nécoras, almejas, mejillones. La ría y el mar a la mesa.

Queso Cabrales
Azul D.O., madurado en cuevas del Picos de Europa. Carácter inconfundible.

Mantecado
Dulce típico de Avilés: harina de trigo, manteca de vaca, huevos y azúcar glassé. Origen en la pastelería Sabugo.
Tu escapada a medida.
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«Avilés se disfruta despacio. Nosotros te ayudamos a empezar.»
33400 Avilés, Asturias
+34 629 82 17 45

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